La felicidad, una materia clave para formar buenos estudiantes

Ese es el éxito del sistema escolar de Finlandia, uno de los mejores del mundo.

Los profesores a los que les fascina sembrar terror entre los estudiantes y ser cuchillas simplemente por el gusto de demostrar su autoridad y superioridad cognitiva deben pasar definitivamente a la historia. El cultivo de emociones positivas es la prioridad para formar holísticamente buenos estudiantes.

Ansiedad, timidez e, incluso, temor son muchas veces los sentimientos que embargan a los estudiantes cuando van al colegio. No es común que estos jóvenes sientan curiosidad, interés y alegría por ir al colegio.

Lamentablemente, los hechos lo dicen. Japón tiene una de las tasas más altas de suicidios en el mundo, y las cifras de su gobierno indican que 18.048 menores de 18 años se quitaron la vida entre 1972 y 2013.

Y la fecha en que han sucedido la mayoría de estos suicidios durante más de 40 años es el 1.° de septiembre, día en que, luego de un extenso período de vacaciones, los estudiantes deben retornar a clases y la presión que sienten en sus colegios los lleva a tomar esta desesperada decisión. El índice de muertes debido a esta razón se relaciona con los valores de esta sociedad, en los cuales sus estándares de modelo de vida son muy exigentes. Fallar en su cumplimiento les genera vergüenza, sentimiento que los lleva a suicidarse.

Investigaciones han determinado que cultivar la felicidad y la educación en valores en el colegio es igualmente importante al desarrollo de habilidades cognitivas.

“Actualmente, los estudiantes dicen sentir aburrimiento cuando van al colegio y suelen pensar que las cosas emocionantes suceden fuera de sus instituciones educativas. La realidad de la escuela puede ser menos atractiva para ellos cuando el desarrollo del mundo exterior sucede tan rápidamente. Las herramientas y los métodos utilizados comúnmente en las escuelas no pueden entusiasmar a nuestros jóvenes. En Finlandia se presta mucha atención a las emociones, el interés y la motivación en las instituciones educativas”, afirma Kisti Lonka, Ph. D., profesora de psicología de la educación en la Universidad de Helsinki.

Y el interés que presta ese país nórdico a las emociones y los sentimientos es coherente con el hecho de que Finlandia fue catalogado en el 2018 como el país más feliz del mundo. En la más reciente feria de educación llamada Dare to Learn, realizada por el Gobierno finlandés a mediados de septiembre en su capital, Helsinki, así se respiraba en todos los rincones de la feria.

La educación es un estilo de vida con el cual los estudiantes se sienten plenamente reconocidos, realizados y motivados, y así lo manifestaron de forma admirablemente alegre y espontánea en las actividades desarrolladas durante el evento.

Por otro lado, estudiantes estresados y con ansiedad difícilmente tienen buen desempeño. El modelo educativo finlandés demuestra que niños felices dan buenos resultados académicos: Finlandia se encuentra en el primer lugar entre los países con mejores resultados en las pruebas Pisa, y su sistema escolar ha sido clasificado entre los mejores del mundo.

Los profesores solían pensar que no es importante tener en cuenta las emociones en la escuela. Se suponía que el aprendizaje ni siquiera era atractivo, y mucho menos divertido. Era un deber que debía llevarse a cabo, al igual que los adultos tenían que ir al trabajo. Sin embargo, no todos los adultos son felices si el único significado para su trabajo es el salario.

Investigaciones sobre el compromiso con el trabajo muestran que las personas que disfrutan de su trabajo son mucho más saludables y productivas que aquellas que no lo hacen. ¿Por qué no pasaría lo mismo en los colegios?

“Las emociones contribuyen al proceso cognitivo de muchas maneras: orientan la atención y la memoria. Los hechos que se sienten significativos y emocionantes también se recuerdan mejor. Además, las emociones activan la iniciativa para actuar, por lo que no son solo algo que perturba nuestro pensamiento, sino que tienen un papel funcional en nuestras vidas. Las emociones son fundamentales en el manejo y la adaptación de los seres humanos, ya que ayudan a protegernos de las amenazas, imaginarias o reales, y nos motivan a involucrarnos en cosas que parecen fascinantes”, explica la doctora Lonka.

Durante un largo período de tiempo, la emoción más investigada en la escuela fue la ansiedad ante los exámenes. Muy pocos estudios abordaron alguna emoción positiva, como la alegría de aprender. Solo después de que el movimiento de psicología positiva empezó a emerger, la emoción positiva también comenzó a tener más atención.

El profesor Reinhard Pekrun, en Alemania, y Barbara Fredrickson, en Estados Unidos, fueron algunos de los pioneros que comenzaron a ver que las emociones positivas están relacionadas con el aprendizaje y la solución de problemas.

“Actualmente, los estudiantes dicen sentir aburrimiento cuando van al colegio y suelen pensar que las cosas emocionantes suceden fuera de sus instituciones educativas”

Las emociones

Los alumnos deben aprender cómo llegar a entusiasmarse con las cosas nuevas que los confunden. Los profesores también deberían ayudarles a aprender cómo lidiar con varios tipos de emociones, incluso las desafiantes y difíciles. Ser demasiado ansioso no es bueno para aprender.

Es importante que los pensamientos y las emociones, tanto negativos como positivos, sean manejados, y que su expresión sea apoyada en situaciones y ensayos en el aula. Es esencial aprender que todas las emociones son aceptables, pero no lo son todas las expresiones, tiempos y lugares para manifestarlas.

El sistema educativo de Finlandia tiene en cuenta el SEL (social and emotional learning, por sus siglas en inglés), una filosofía educativa conformada por varias dimensiones: conciencia de sí mismo (reconocer las emociones y los valores de cada uno, como también las fortalezas y limitaciones), toma de decisiones responsables (tomar decisiones éticas y constructivas sobre el comportamiento personal y social), habilidades de relaciones personales (formar relaciones positivas, trabajando en equipo y lidiando efectivamente con el conflicto), conciencia social (demostrar entendimiento y empatía con otros) y autogestión (gestionar emociones y comportamientos para lograr objetivos propios).

A medida que el maestro avance en el aprendizaje social y emocional, podrá crear tareas de aprendizaje que permitirán a los alumnos reconocer y nombrar emociones, y ensayar formas y situaciones apropiadas para expresarlas. En consecuencia, es posible que los alumnos comiencen a ensayar cómo separar las emociones, las acciones y la persona. Esto significa que, incluso, si hacen cosas tontas a veces, eso no los convierte en personas tontas. Además, si se sienten avergonzados o torpes, no hay necesariamente ninguna razón real para sentirse así. Un ambiente seguro y una retroalimentación constructiva ayudan a cultivar emociones positivas.

Es posible que los alumnos aprendan habilidades emocionales con el apoyo de varios tipos de tareas y situaciones de aprendizaje organizadas en el aula. Los profesores pueden ayudar a los estudiantes a reconocer las emociones de otros y a aprender las maneras de mostrar empatía.

A menudo, los alumnos necesitan mucha orientación para distinguir entre lo que observan y lo que interpretan en diversas situaciones. Esta es una habilidad bastante valiosa para prevenir el bullying.

Al subrayar la importancia de describir situaciones en lugar de interpretarlas, el maestro puede evitar que se desarrollen roles peligrosos. Por ejemplo, si un estudiante mira a otro y lo ve pensativo, la otra persona no debe pensar que la odia. Puede que solamente esté preocupado por algún asunto. La persona podría aprender a decir, por ejemplo: ‘Te ves molesto. ¿Hice algo para causarlo?’.

El objetivo de aprender habilidades emocionales en el aula es que los alumnos aprendan a ser capaces de discutir y manejar sus emociones de forma independiente y versátil, y también entre compañeros.

El profesor puede dar retroalimentaciones constructivas y manejar las emociones, así como plantear las posibles consecuencias tangibles que pueden tener las emociones y las acciones que estas provocan. El maestro actúa aquí como un modelo para seguir: para aprender la empatía, los alumnos necesitan ver a los adultos igualmente empáticos en sus entornos cotidianos. Es obligatorio, por lo tanto, que los métodos y estrategias de enseñanza en los colegios tengan en cuenta las dimensiones emocionales y sociales de los estudiantes como parte de su sana formación integral, la cual involucra, sin duda, la académica.

Por: MÓNICA SILVA SALDAÑA
PARA EL TIEMPO




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